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El esfuerzo colectivo y la “meritocracia”

Días pasados el Presidente se prendió en el debate con los ideólogos macristas, respecto de si la mentada “meritocracia” individual, que estos pregonan como el rumbo para ascender socialmente, es realmente el camino a seguir. Dijo Alberto Fernández al respecto que: “Hay que tener las mismas oportunidades, y la solidaridad es fundamental para que todos tengan la misma oportunidad”.

Ni que decir que comparto la posición del primer mandatario en esta cuestión ideológica tan trascendente. Agregaré al respecto algunas consideraciones.

Para empezar, digamos que el neoliberalismo triunfante en el mundo desde los tiempos de Reagan y Thatcher, y particularmente luego de la caída del socialismo a principios de los años noventa, introdujo muy fuertemente en nuestras sociedades ese concepto individualista de que las personas debían buscar por si mismas las salidas en su vida; sin necesitar ni preocuparse por el que está a su lado. Mostraban y muestran como ejemplo de ello a gente rica que se “hizo desde abajo”, “con esfuerzo y sacrificio”, supuestamente.

No era ni es, por cierto, ingenua esta idea “meritocrática”. Los dueños del poder apuntan con ello a instalar el concepto de que, los responsables por tener países cada vez mas desiguales e injustos -que ellos fueron diseñando en función de sus intereses-, son en definitiva las personas y no el modelo de sociedad que se construye.

También apuntan con la introducción de esta idea antisolidaria, del “sálvese quien pueda”, a que la gente no se organice para resistir las políticas que ricos y poderosos llevan a delante en su perjuicio.

No es casual entonces que la derecha argentina, al lograr llegar al gobierno con Macri y prepararse para llenar la copa de los ricos con el sacrificio de las mayorías (como se pudo ver cristalinamente al final de su mandato), se dispuso a justificar ideológicamente tamaña felonía. Ahí vino entonces lo de la “meritocracia”, como camino individual al éxito y el progreso personal. Acompañada al mismo tiempo, de tantas expresiones clasistas, discriminadoras y ofensivas para con los humildes como el que “en este país no trabaja el que no quiere”, “les tirás una pala y corren”, “son vagos y planeros”, etc, etc.

Tuvieron un problema, sin embargo. Al irse Macri dejó el país sumergido en la pobreza, la desocupación, la desigualdad y el retroceso económico. Era difícil entonces para los ideólogos de la derecha mostrar los éxitos de la salida individual. A lo sumo tenían a Marcos Galperín, el dueño de Mercado Libre, y algún otro menos famoso para exhibir como ejemplo del supuesto progreso “personal”.

¿Qué hicieron entonces? Reflotaron la historia de los inmigrantes europeos de finales del siglo 19 y principios del 20, como ejemplo de hacerse un lugar socialmente a través del esfuerzo y sacrificio individual. Todos tuvieron un nono italiano -los Macri, Rocca, Pagani, Bulgueroni, Caputo- que se rompió el lomo laburando, y así sus hijos y nietos llegaron a empresarios.

Por supuesto que escondieron prolijamente las razones fundamentales por las que los inmigrantes europeos en la Argentina, que llegaron a ser la mitad de la población hace 120 años, lograron mejorar su condición de vida y la de sus descendientes.

Digamos, en primer lugar, que hubo dos períodos de nuestra historia donde dichas personas pueden avanzar fuertemente en sus condiciones de vida: los gobiernos radicales desde 1916 a 1930 y los gobiernos de Perón de 1946 a 1955. En ambos casos hubo proyectos de país distintos, fuertemente contrapuestos al que siempre propugnaron las clases altas vernáculas.

Gobiernos que impulsaron una distribución mas progresista de los ingresos, priorizaron los intereses nacionales y el desarrollo de un mayor mercado interno, defendieron el rol del Estado, como también a la educación pública en todos los niveles. Todas cuestiones que sentaron las bases de mejores oportunidades para el conjunto de las y los argentinos y las posibilidades de ascenso social. Los méritos individuales entonces, se pudieron desplegar en un contexto favorable, que fue el fruto de las acciones de aquellas administraciones.

En segundo lugar, también ocultan puntillosamente que aquellos inmigrantes que vinieron de Europa “con una mano atrás y otra adelante”, como mi abuelo del Friuli, rápidamente procedieron a organizarse colectivamente para pelear por sus derechos y condiciones de vida. Así nacieron los sindicatos en estas tierras. En 1878 se crea la Unión Tipográfica, en 1880 ya existían 21 organizaciones gremiales, entre 1888 y 1890 hubo 36 huelgas, en 1890 se conmemora por primera vez el 1º de Mayo y en junio de ese año se contituye la Federación de Trabajadores de la Región Argentina (FORA), primera central obrera de América Latina. Todo eso fue llevado adelante por los inmigrantes, que creían en la acción de conjunto para conquistar derechos y mejorar así su existencia y la de su familia.

Lo mismo hicieron aquellos extranjeros que pudieron asentarse en el campo, en la “pampa gringa” porque las mejores tierras ya eran usadas por la oligarquía con “olor a bosta de vaca”, como diría Sarmiento. Pero aquellas que rodeaban la pampa húmeda también tenían dueños, que les ponían a los inmigrantes arrendamientos leoninos. ¿Qué hicieron entonces los gringos que “se rompían el lomo” laburando y veían que lo que producían con tanto esfuerzo iba a manos de los ricos propietarios? ¿Buscaron la salida individual? Por supuesto que no. Dieron juntos un grito de lucha en Alcorta en 1912 y se lanzaron al primer paro agrario. Al mismo tiempo que fundan su organización de chacareros: La Federación Agraria Argentina (FAA), de la mano del tano Francisco Netri.

Pero no solo hicieron todo lo que explico mas arriba, también forjaron fuertes lazos colectivos entre ellos para salir adelante. Ya en 1858 crearon La Sociedad Española de Socorros Mutuos y Unione y Benevolenza. Que fueron solo el inicio de infinidad de organizaciones para ayudarse entre sí. Así nacieron y se extendieron por todos lados las mutuales y cooperativas (de trabajo, comercio, vivienda, crédito y tantas otras). La solidaridad era el principio fundamental para equiparar las oportunidades de cada uno y alcanzar un piso de bienestar.

¿Y qué hicieron los hijos de esos inmigrantes cuando las élites pudientes les vedaban el ingreso a la universidad, por tanto, a las posibilidades de mejora social? ¿Buscaron la salida a través del “merito” personal? No señor, se levantaron colectivamente aquellos estudiantes en las históricas jornadas de 1918, en Córdoba, de la mano de Deodoro Roca, diciéndole al país que “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. E hicieron a puro coraje la Reforma Universitaria que luego se extendió por toda Latinoamérica, conquistando la democratización del gobierno universitario, la gratuidad, la promoción de la ciencia, la libertad de pensamiento y la autonomía de las casas de altos estudios.

La “meritocracia” de la derecha, no solo es un falso camino de mejora social, sino que encubre la fábrica de desigualdad, pobres y atraso para las mayorías de los modelos neoliberales. Es bueno darles el debate y desnudar su solapada y verdadera intensión.

El camino para la movilidad social ascendente, como alguna vez tuvimos, es la combinación del accionar de gobiernos progresistas, portadores de modelos de países inclusivos, con organización ciudadana para defender derechos, conquistar nuevos y ayudarse solidariamente. Con el mérito y el esfuerzo personal, tan importante y necesarios, encuadrados en el accionar colectivo, de todos y todas.

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